In Olga Andrino’s recent work can be heard that which Raymond Carver called the noise of humanity, the sound of everybody’s heart. Her “Crowd Landscapes” unite strength and delicacy, immediately summarizing and expanding our anxiety, revealing our locations and dissipating them, turning them into that fog Unamuno used to conceal our fears, hopes and desires.

To conclude, we can say that Andrino builds with her intelligence that which draws closer and confuses us the most.

Created and conceived with solidity, the compositions present themselves as disconcertingly as the shadows of a secret that might belong to us. Something very near is presented to us that approaches its true depth and exactly for that reason, underneath the surface, we discover something of ourselves that escapes us also.

When we contemplate ourselves, we are present, but as happens in front of a mirror, when we recognize ourselves we feel intrigued. The part that we never quite manage to see in its entirety evaporates and obliges us to follow it beyond the territory of sight.

From childhood dreams, to those long and distressing queues in which adulthood inevitably piles upon us, from those playgrounds where we imagined games to the imposed decorations of the towns we live in, Andrino’s work invites us to scour our roads of experience.

Her mastery of different production techniques serves her own interests, ideas and premonitions in search for something that gives expression and fades away as if conducted by a pendulum in constant motion.

Origin and destiny suddenly meet in space that we can only just discern before it disappears.

The future and past intermingle before our first two intentions that become, for a fleeting moment the swinging shutters of a window permitting not only the pure morning air to pass through but also the threat of a storm.

It is to that place which we are not certain we’d wish to see that Olga Andrino leads us with her precise but free, restless but truthful hand.

She helps us move closer to her talent and, thanks to her passion, through those roads where we would eventually hope to find one another.

 

Ray Loriga

Writter

 

 

En el trabajo reciente de Olga Andrino puede escucharse lo que Raymond Carver llamó el ruido humano, el sonido del corazón de todos nosotros. Sus paisajes de masas aúnan fuerza y delicadeza, nos resumen y al tiempo expanden nuestra desazón, muestran nuestros lugares y los disipan, convirtiéndolos en la niebla con que Unamuno escondía nuestros miedos, esperanzas y anhelos.

En fin, que Andrino construye con su inteligencia lo que más acerca y confunde.

Creados y pensados con solidez, los conjuntos se muestran desconcertantes, como las sombras de un secreto que tal vez nos pertenece. Algo muy próximo se nos presenta cercano a su verdadera profundidad y precisamente por ello, bajo la superficie, descubrimos que algo propio también se nos escapa.

Al contemplarnos, somos, pero como sucede frente al espejo, al reconocernos nos intrigamos. La parte que nunca terminamos de ver en su totalidad, se evapora y nos obliga a seguirla más allá del territorio de la mirada.

Desde los sueños de la infancia, hasta esas largas y apesadumbradas filas en las que la edad adulta nos va amontonando de manera inexorable, desde los patios en los que imaginamos los juegos, hasta el obligatorio decorado de las ciudades que habitamos, el trabajo de Andrino nos invita a recorrer los caminos de la experiencia.

Su dominio de las diferentes técnicas de representación está puesto al servicio de sus propias inquietudes, ideas y premoniciones, en busca de algo que se plasma y se desvanece, como regido por un péndulo en constante movimiento. Origen y destino se encuentran de pronto en un espacio que sólo podemos vislumbrar antes de que desaparezca.

El futuro y la nostalgia se mezclan delante de nuestras dos primeras intenciones, que se convierten por un instante en las hojas batientes de una ventana por la que entra el aire puro de la mañana, sí, y con toda su intención, pero también la amenaza de la tormenta.

A ese lugar, que no estamos tan seguros de querer ver, nos lleva Olga Andrino cogidos de su mano precisa pero libre, inquieta pero certera. Ayudándonos a transitar cerca de su talento y gracias a su emoción, por esas calles en las que querríamos encontrarnos finalmente con todos nosotros.

 

Ray Loriga

Escritor